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28 oct 2016

El mejor gol de tirolibre de Riquelme


















Una de sus características principales: su destreza con la pelota parada. Juan Román Riquelme cuenta con una envidiable racha de goles marcados por tirolibres, en cada equipo en el que jugó.

Ayer, en Doble Cinco, programa de TyC Sports, le consultaron al 10 cuál era, a su criterio, el mejor gol de tirolibre que hizo. "El de Cúcuta, porque yo ya sabía que iba a ser gol cuando lo pateé", confesó Román.

El mismo lo realizó en el año 2007, por la Copa Libertadores, la cual Boca obtendría después. El gol en cuestión:

27 oct 2016

Riquelme volvió a pisar la Bombonera y habló de todo

















El ídolo de Boca habló con el programa Doble Cinco, de TyC Sports, y tocó diferentes puntos.

Sobre sus sensaciones al volver a pisar el Templo, el patio de su casa: "Siento mucha alegría de volver a estar en La Bombonera. Cuando pasé por Parque Lezama me transpiraban las manos, era una cosa rara. Para mí es hermoso llegar al portón, tocar bocina y que la gente de Seguridad se ponga contenta y me dé un abrazo. Me puse esta campera de Boca porque me sale natural al estar acá. Si tengo que caminar por La Bombonera me tengo que poner los colores de Boca. Tengo la suerte de decir que soy hincha desde que nací. Y tengo la conciencia de que todo lo que viví, me superó. He cumplido todos los sueños que tenía, y hoy disfruto mi vida, la que tengo".

Sobre el hincha: "Lo más importante es que el hincha de Boca me valoró siempre. Debuté contra Unión y me ovacionaron; me fui contra Lanús y me ovacionaron. Me quieren mucho, ¿no? Lo único que me dicen es 'Vení, volvé, por favor'. No sé, caeré simpático. Me dieron más de lo que yo les di".

Sobre Tevez: "Es el mejor del fútbol argentino. Es normal que nos sorprenda que no saque ventajas, pero es un trabajo de equipo. Él está en un equipo que se está acomodando, y esperemos que lo haga rápido para que pueda dar lo mejor de sí. Carlitos necesita volantes, laterales... Y este Boca no los tiene".

Sobre Messi: "Tenemos al mejor del mundo en la Selección, que es Lionel Messi. Es normal que cuando juegue seamos un equipo fuerte y cuando no, uno normal. Esperemos que no se lesione, porque cuando pasa Argentina es un equipo al que le puede ganar cualquiera. Todos tenemos la ilusión de que Messi nos haga ganar un Mundial".

Sobre Bianchi: "Hoy valoramos más lo que ganamos con Bianchi. Es el mejor director técnico de la historia. Ganó tres Intercontinentales, dos al Milan y una al Real Madrid. No va a haber otro. Además era un ejemplo como persona, lo encontrabas temprano, siete de la mañana, haciendo entrenar a los suplentes. Llegaba primero y se iba último. Era un ejemplo".

Sobre Palermo: "Nosotros tuvimos una buena relación. Nunca nos insultamos ni nos peleábamos, teníamos mucho respeto el uno al otro. Y teníamos al que terminó siendo el mejor nueve del fútbol argentino en los últimos treinta años, nos hizo ganar muchas cosas".

Sobre La Bombonera: "Es la más linda. Tenemos que hacer que la Selección juegue acá. Nosotros podemos clasificar acá. Nos podemos clasificar fácil acá. Si un loco puede hacer una cancha para cien mil personas y que la cancha se mueva, que lo haga. La gente se ponía a cantar y nosotros sabíamos que, aunque jugáramos mal, un gol íbamos a meter. Tiene eso La Bombonera. Cualquier estadio que hagan, le va a quedar chico para la gente de Boca. Y si van a hacer uno nuevo, que hagan uno que se mueva como se mueve éste, porque sino vamos a perder una ventaja importante. Y este es el patio de mi casa. Hasta que un jugador juegue más de doscientos seis partidos acá, seguirá siendo el patio de mi casa".

Sobre Angelici: "Yo a Angelici le había pedido que no echara a Falcioni. Me había dicho en la cara 'El DT se tiene que ir'. Es raro que hoy diga que se apuró en echarlo. Pero el tiempo pone las cosas en su lugar, por algo después nadie dijo nada, por algo estoy tranquilo".

Sobre el Mundial del 2010: "No estaba de acuerdo con el entrenador que estaba en ese momento y me tocó ver el Mundial por televisión; hice lo que tenía que hacer y me perdí un Mundial. Pero a mí me criaron de una forma simple y no puedo ir en contra de eso. Creo que las cosas quedaron claras".

Sobre los Superclásicos: "Cuando llegaban no dormía, me imaginaba el partido, el pase para que sea gol que iba a hacer. Tuve suerte. Por ahí si hacía el mismo caño que el de a Yepes en otro partido no se comentaba tanto. Y en el último, en el tirolibre, antes de patearlo, le dije a Insúa que festeje, que va a ser gol. Me mandó a cagar después". 

Su mejor tirolibre: "El mejor fue contra Cúcuta, fue el más lindo. Yo ya sabía que iba a ser gol cuando lo pateé".

Su mejor pase: "El mejor pase gol fue contra Belgrano, el gol lo hizo el pelado Pérez. Después está uno de Palermo contra San Lorenzo, tres días después de ganarle al Madrid".


Y así se despidió, una vez más: "Espero no haber dicho tantas pavadas. Les mando un beso a todos los hinchas de Boca y espero que lo hayan disfrutado".


15 may 2016

Riquelme y una frase histórica sobre la Bombonera

En el año 2010 Román fue entrevistado por el programa Indirecto (TyC Sports). Allí le preguntaron si jugaría en algún otro equipo argentino que no fuese Boca.

"En Argentinos Juniors nunca jugué; jugué hasta la Reserva. Tengo una relación muy buena con el entrenador de Argentinos (Borghi), conozco a casi todos los muchachos que están ahí. Tengo a mis hermanos jugando en las inferiores de Argentinos. Pero es complicado. Soy hincha de este club, Boca. Yo amo a mi club, ésta es mi casa", dijo el ídolo xeneize.

Y, a continuación, Román formuló una oración que pasaría a la historia: "Es una boludez lo que les voy a decir, pero la cancha de Boca es el jardín de mi casa. No puedo jugar en otro lado".

19 mar 2016

Mirá las leyendas que confirmó Riquelme para su despedida



El máximo ídolo de la historia de Boca confirmó que su partido despedida se llevará a cabo en diciembre de este año, en la Bombonera, después de lograr el visto bueno del presidente xeneize Daniel Angelici.


Ya confirmado el mes en el que lo realizará, queda la pregunta de a quiénes invitará. Román dio un adelanto: "Invitaré a Zidane, Iniesta, Messi y Ronaldo", contó al diario español Marca.

"Comienzo a tener vergüenza", agregó. "Es algo muy fuerte, me agarra calor. Tengo la suerte de que los hinchas de Boca me quieren demasiado. Yo digo que están locos".

22 abr 2014

¡Eterna locura!

¡Que no se apague la bengala, señor! ¡Esto no termina acá! Fíjese, el referí pita el silbato, y los jugadores se adentran a los vestuarios, ¡pero la fiesta continúa! ¡Hoy, mañana, siempre! ¡Somos Boca, señor, cante con nosotros! Tome, acá tengo una bengala más, aférrela como si de su alma se tratase, no la suelte por nada del mundo, que entre la oscuridad, esta es nuestra única luz. Observe la luna. ¿No le parece hermosa? La NASA te la pinta de blanco, ¡pero es dorada! ¡Amarilla, bañada en oro, como la franja que surca el campo azul en la camiseta que llevamos ambos puesta! ¿La ve con atención? ¿Se da cuenta de la coincidencia? ¡El cielo es azul, también! Linda combinación, ¿no le parece? Y hasta que la luna ilumine, y el anochecer la custodie, esta locura seguirá inexorable. ¡Álce la bengala, señor, que se va a prender fuego la casaca! ¡Bien en alto! Y ahora, ¿se da cuenta de lo que emana de ella? No es humo, no es ningún producto artificial que padeció ante la mano del hombre... ¡Es nuestro espíritu, nuestro corazón permanente, su palpitar constante, el delirio que perdura! ¿Advierte cómo se adhiere a la oscuridad del cielo, impregnando el aire, estando entre nosotros, obligándonos a hincar la rodilla ante su frenesí? ¡Nos vuelve locos! ¡No la suelte! ¡Agárrela con determinación! ¡Sirvámos a lo indescriptible, que después de estas paredes, nos confundimos entre lo marchito y perdido de la humanidad! ¡Este es nuestro mundo, acá permanecemos! Alce la mirada. Más allá de su bengala. ¿Visualiza a la luna, una pelota amarilla en medio del azul? Y se va deslizando ante la eternidad, ¿lo ve? Se escapa de nosotros, pero vuelve, siempre vuelve. No puede ser de otra forma. Pero, ¡mire bien! Ahora la sustituye otro dios. El sol. Brilla, con más intensidad que a la que sustituyó. Amarillo. Oro. Siempre así. Y el cielo se tiñe de un azul más piadoso, azul francia si quiere llamarlo con criterio. Pero, aún así, los colores se mantienen: azul y oro. Por la eternidad. ¡Su bengala no brilla más! ¡Es el día, el atardecer nos quema el cuello! ¡Las volutas de humo no destellan entre la oscuridad, porque ésta se consumió! El sudor recorre su frente. Siente la garganta seca, de tanto gritar amor, de tanto cantar aliento. Así que, con suavidad, con respetuosidad, quítese la camiseta. ¡Con cuidado, dije! Así, muy bien. Y ahora, con brusquedad pero cariño (contradictorio para quien no sea digno), ¡flameéla! ¡Como si de una bandera de tratara! ¡Representa su latido sentimental, sus emociones inexplicables, ríndale honor! El escudo susurra entre la confusión de colores azules y amarillos. ¡Y dése cuenta de dónde se encuentra parado! ¡Está en la Bombonera! Fíjese la arquitectura, el diseño, el césped verde, los colores, estudie todo, que no se lo olvidará jamás. Esta es su casa, éste es su paraíso. La representación física de sus sentimientos desconocidos e insostenibles. ¡Pero no deje de agitar la camiseta! ¡La fiesta no termina, le dije! Y ahora, si es digno lo verá... ¿Se da cuenta de entre quiénes están? No, no nos encontramos solos... Somos millones. Somos hermanos, familia, sangre compartida, sueños difundidos, miradas cruzadas, pensamientos en segundo plano, sentimientos como escudos. Escuche su corazón. Y ahora, escuche el corazón de todos. Sí, es unísono. Un pálpito cronometrado. Compartimos vida, compartimos muerte. Compartimos todo. Nuestra esencia, nuestra persona. Somos uno afuera de acá, pero todos adentro. Y todos somos uno. Su lugar en el mundo. ¿Es cristiano? No me lo diga, no hace falta. La religión de cada uno de nosotros es irrelevante. ¿Cree en la reencarnación? ¿No? No tiene importancia, porque muertos todos volvemos acá. Todos somos dignos. Advertirá, seguramente, que usted no es el único que sacude su camiseta. Todos lo hacemos. Inclusive yo. Y el sol se esconde, nace el crepúsculo, amanece la noche, la luna se impone, y sus estrellas titilan. Vuelve lo de antes, lo de siempre. Aquí tiene su bengala, permítame que se la prenda. Ahora, álcela bien en alto. Que la bengala acompañe la noche. Y grite. Cante euforia. Este pueblo siempre es feliz. Póngase nuevamente la casaca, con orgullo, bese el escudo, sienta los colores. Y acostúmbrese, que de esto no se escapa. Somos sirvientes, fundamentalistas de lo olvidado, las pasiones desconocidas. Siempre será así. Boca siempre será así. Usted, yo, eternamente así. La muerte es una fantasía. La vida también. Esto es lo único que existe. Y esto, no muere nunca.


27 feb 2014

Boca, el club más rico de Argentina

Hay un club que se hace llamar el Millonario. No obstante, el ranking que realizó la empresa Euromericas Sport Marketing designa al conjunto Xeneize como el club más rico del país. De hecho, Boca Juniors, según este ranking, es el quinto club más rico del continente americano.

El ranking se basa en contar los ingresos anuales por derechos de TV, cotización de los jugadores, Merchandising, abonos, patrocinios y el valor de la marca de las entidades. Sumando todo esto, la cifra total para el Xeneize es de 395 millones de dólares.

En la cima del top ten se encuentra un conjunto de México, en tanto que Brasil domina el ranking al tener a cinco equipos brasileros entre los diez. Estados Unidos sólo cuenta con un elenco de su respectivo país, al igual que Argentina.

EL TOP TEN:

1- Chivas de Guadalajara (México) 625 millones de dólares.
2- San Pablo (Brasil) 543 millones de dólares.
3- Corinthians (Brasil) 498 millones de dólares.
4- América (México) 456 millones de dólares.
5- Boca (Argentina) 395 millones de dólares.
6- Flamengo (Brasil) 312 millones de dólares.
7- Los Ángeles Galaxy (Estados Unidos) 302 millones de dólares.
8- Inter de Porto Alegre (Brasil) 234 millones de dólares.
9- Santos (Brasil) 176 millones de dólares.
10- Santos Laguna (México) 155 millones de dólares.


13 feb 2014

Ajeno al silencio

El silencio no caracteriza a Boca. Nunca lo hizo, y nunca lo hará. El famoso Silencio Atroz que sigue vigente en el fútbol argentino, de parte de muchos equipos, entre ellos el destacado infiel River Plate, nunca sedujo a Boca. Ni mucho menos a su hinchada. Ésta se mantuvo siempre inflexible con respecto a su posición de incondicional. En las malas permanece de pie, gritando con todas sus ganas, mientras las llamas arden debajo. A pesar del resultado, explota desde las tribunas ese gigante sin nombre, con miles de rostros, miles de corazones, miles de almas, pero siempre esclavo de una misma pasión. El fundamento de su fidelidad inquebrantable tiene que ver con este mismo sentimiento, que llena a toda esa multitud, los encoleriza, sentimiento abrasador como fuego inagotable. Y este fuego los consume a todos, prendidos de amor chocan unos con otros, se abrazan, expresan lo que por sus venas corre, siempre felices, aunque la razón no parezca definida, ellos eternamente sonríen alegres, felicidad que contagia dos colores abrazados en una misma camiseta, escudo completo de estrellas doradas como el oro que antaño se conquistó con sangre. Así son los hinchas de Boca Juniors.
Pero vuelve a intervenir una fuerza que amenaza con ser igual de poderosa que la pasión que desprende esa multitud. Esto no es así, los hinchas lo saben, pero respetuosos, pretendiendo que no se toque al club que aman, obedecen. Sin rechistar. Vuelven todos a sus respectivas casas, pero el insomnio posee a cada uno de ellos. No pueden dormir, y le sirven todos a un mismo delirio, que amenaza con estallar de un momento para otro. Se levantan de sus camas y caminan de acá para allá, se sientan en el sofá, prenden la tele pero no pueden escapar de esa guerra que se desata en el corazón de cada uno. Repentinamente, son conscientes de cómo laten sus corazones, visualizan la sangre que circula por sus venas. Y nada de rojo: esta sangre es azul y amarilla. Se ponen de pie, se miran al espejo y observan a sus ojos delirantes devolviéndoles la mirada. Necesitan alentar. Necesitan volver a rendirle pleitesía a su pasión. No van a permitir que una mera organización les prohíba amar.
Y saben lo que tienen que hacer.
Se reúnen todos en el barrio de La Boca, el barrio en donde esa pasión se siente con más ahínco. Una vez todos concuerdan con lo propuesto, vuelven a sus hogares, esta vez con una sonrisa en sus rostros. La conformidad de todos los hinchas xeneizes se debe a que, finalmente, van a poder volver a gritar, expulsar todas esas emociones que se ciernen en sus corazones todos los días de todos los años. Si bien no van a poder volver a ver a su amor, al menos se contentan con saber que éste recibirá su aliento incondicional. Si un resultado no para esta pasión, menos lo hará una asociación.
Los incondicionales vuelven a hacer historia. El domingo, poco antes de que empiece el partido ante Belgrano, los hinchas del club Xeneize irán afuera de la Bombonera, y desde allí alentarán. Cumpliendo con la sanción decidida por la AFA, como consecuencia de la fiesta que la hinchada había hecho en la última fecha del torneo pasado, los fieles no podrán ingresar a las tribunas, pero se conforman pensando que el aguante al club le llegará de todos modos. Por ello, Boca Juniors jugará el domingo sin público, pero no sin aliento.
Y es que el silencio no le corresponde al hincha de Boca. El aguante está siempre. En todos lados. A pesar de todo.



3 dic 2013

¿Qué es Boca?

Si a Boca lo ponés en un puñado de equipos, no pasaría desapercibido. La camiseta dice mucho, su escudo tiene historia, y su cancha mística. Ves la azul y oro y ya automáticamente sabés que se trata de Boca Juniors, y cuando sabés que se trata de Boca Juniors sabés que se trata de el más ganador del mundo. Uno se imagina a once guerreros sólidos, aguerridos, que dejan la vida por los colores. Pero hay algo que se destaca por sobre todo (títulos, jugadores e institución): la hinchada. Esa hinchada... esa hinchada hizo a Boca grande. Esa hinchada acompañó al más grande a todas partes. Y ojo, que realmente me refiero a todas partes: ¡hasta a Japón! Diez mil hinchas en la otra parte del mundo no es poca cosa, y el dato no lo alcanza ningún club de fútbol, tanto nacional como intercontinental.
La hinchada se excita con facilidad cuando ve sus colores flameando en la cancha. Se mueve inquieta y, sintiéndose impotente en lo que se refiere a expresar lo que siente por su azul y oro, trata de hacer algo que esté a la altura de lo sentido: y alienta, alienta, empuja, empuja, no para, sigue, canta, se tuerce el alma, inclina la cancha, abraza a sus jugadores, besa a sus ídolos, ama la camiseta, traspira locura, siente lo inexplicable. Por ello Boca es más que un club de fútbol.


¿Qué es Boca? Repito la formulada pregunta porque sigo con ese enigma. Uno no puede explicarlo. Boca es la pasión, el sentimiento, Boca es lo que hace que el amor sea para toda la vida, genera amor, delirio, muchas veces insomnio, hipnotiza, trasciende fronteras, contagia romance, excita gargantas, incita a vivir. Boca te vuelve tu esclavo, y uno es un esclavo feliz, contento de la tarea que se le asigna todos los domingos (y no, Boca no obliga a que desempeñes tal tarea: lo hace su historia, lo hace su grandeza, que, a pesar de no hacerlo directamente, hace que te des cuenta de lo que significa).
Boca es esa palabra que uno utiliza para explicar todo lo que siente y, a la vez, son todas esas palabras que a uno no le llegan. Boca es todo, y en todo vemos a Boca. Merodea todos los días en nuestras cabezas, explota en nuestra garganta el éxtasis que se consume durante la semana. Esto es Boca. No pretendo que lo entiendas, y tampoco me importa explicarlo; sólo me interesa sentirlo.



3 oct 2013

Con La Bombonera, no se jode

Esta semana en el mundo Boca corrió un murmullo que hablaba sobre las declaraciones de Angelici, que dijo que el 53% de los socios no tendrían problema en mudarse de barrio. Esto tiene que ver con la polémica nueva Bombonera que quiere construir nuestro presidente Daniel Angelici, para, según él, poder dejar su marca en la historia del club cuando se retire de la dirigencia. Su marca, si toca La Bombonera, la dejará, es evidente. Ahora, otra cosa es si cuando hablen de él en las generaciones futuras, hablen de él de forma positiva...

Eso depende de la decisión del mismo Angelici. Sí, todos los hinchas nos ilusionamos con agrandar La Bombonera, porque esto no solo significaría tener más espacio, si no que significaría la vuelta de los no-socios al estadio, por el hecho de tener más espacio que motive y permita a la dirigencia permitir a hinchas que no sean socios ingresar a la cancha.

Esto es un negocio, no hay mucho para pensar. Nuestro presidente ideó una estrategia que, él optimista, creyó que sería útil para motivar al hincha con el afán de que les den el sí para la reconstrucción del Templo. Al no permitir hinchas no-socios, el hincha se da cuenta que no es lo mismo porque muchos de los que ingresan al estadio con el rol de alentar lo hacen como pueden y saben que se les hace imposible pagar una cuota mensual para ser socio. Esto hace que se formule en la cabeza del hincha de Boca la posibilidad de agrandar el estadio, porque la frase que justifica las acciones de Angelici es: con el espacio que hay, la gente no entra y mucha queda afuera, y para que esto no pase hay que agrandar el estadio. Mientras que no se pongan de acuerdo en permitirle la mano a Angelici con la cancha de Boca, esto seguirá rigurosamente así, y seguiremos viendo espacios vacíos en las tribunas.

Pero no es que tampoco nos quejemos. La Bombonera es la más linda de todas, y nos emociona el hecho de poder seguir mejorándola. No queremos mandarnos una macana, estropearla, pero queremos hacerla más linda para que no hayan rivalidades con los estadios de Europa que la imitan, como el Camp Nou del Barcelona. Además está el hecho de que al agrandar el estadio, naturalmente entrará más gente y es sentido común: así, la gente alentará el doble de fuerte -lo que suena bestial, teniendo en cuenta que es la hinchada que más aliento profesa del fútbol argentino, y del mundo también-. 

Pero una cosa es agrandarla ahí, en el barrio de La Boca donde visitamos desde que somos bosteros, y otra muy diferente es demolerla. No somos San Lorenzo. La Boca lleva nuestro nombre y nuestro nombre lleva La Boca, es ahí donde pertenecemos y donde nos vamos a quedar, como soldados de La Bombonera que se proponen disputar una batalla contra el negocio y los ladrones si es necesario. 

Angelici dice que si no consigue los permisos para demoler Casa Amarilla para poder agrandar La Bombonera ocupando ese espacio, realizará una encuesta en la que votarán los socios para saber si están de acuerdo o no con mudarse de barrio. E informó que en la última encuesta, el 53% estaba de acuerdo con irnos de La Boca. Pero algo tiene que saber, don Angelici: que con La Bombonera, no se jode


1 oct 2013

Boca es azul y oro

Es comprensible que los dirigentes quieran comercializar un nuevo tipo de camiseta, que llame la atención, que sea coqueta. Es así como un club se va desarrollando y poniendo a punto con la actualidad. 

Ahora, ¿sobrepasarse de esta manera? Boca es azul y oro. Al hincha de Boca le preguntás cuál es la camiseta de Boca que más le gusta y él te va a contestar que la de Quilmes del año 98, probablemente, o quizá la del 2000. O tal vez se vaya más a lo reciente y elija la Megatone del 2007. ¿Por qué? Porque le traen lindos recuerdos, del Boca mundial, de ese Boca que conquistó América y el mundo. Pero, ¿te diste cuenta? Esas camisetas llevaban la azul y oro. Porque azul y oro es Boca.

¿O mirá si elije la del 78, porque con esa camiseta Boca se consagró campeón del mundo por primera vez? Y fijáte la camiseta de eso entonces: sencilla, sin sponsor, pero siempre azul y oro. Siempre. El hincha de Boca nació con la idea de que esos colores son los que le corresponden al club del que es hincha, esos colores con los que se crió, esos colores que para él, significan "Boca". No hay otros. 

Tal vez uno se pueda identificar con la blanca y negra, porque después de todo fue la primera con la que el club jugó. Pero no la usó siquiera un año, porque rápidamente la cambió por una celeste oscura, como si fuese una camisa. Pero en eso entonces Boca era un club más, recién nacía, y la grandeza la acumuló con los años. Boca ascendió en 1912, y en eso entonces los jugadores llevaban la azul y oro. 

Y de ahí, el club siempre fue azul y oro. Su historia lo es, su grandeza y su esplendor, sus hinchas son azul y oro, su Bombonera igual. Varallo, Rojitas, Marzolini, Rattín, Mouzo, Mastrángelo, Maradona, Giunta, el Manteca, Román, Martín, Tévez, el Guille, Palacio, el Pato, Córdoba, Battaglia... todos surcaron la historia de Boca con la azul y oro encarnada en su pecho. La azul y oro, ninguna más, ¿ves? 

La falta de respeto no radica en cambiar de color la camiseta, porque uno lo puede entender, la alternativa no es la más frecuente con la cual disputa un partido Boca. Pero, ¿una rosada? La violeta ya era un mamarracho. ¿Qué tiene que ver con Boca, el color rosa? ¡Rosa! La negra y blanca, y bueno, fueron los primeros colores del club. ¿Pero rosado?

Los colores azul y oro son Boca. Nuestra sangre esos colores tiene, al igual que nuestro corazón. Nuestra segunda casa, el templo del fútbol argentino, lleva en su esplendor el azul y oro grabado con maña. Y que venga una marca yanqui, y determine que nuestro Boca lleve la rosada, para mí es una falta de respeto. Al hincha, al jugador, al ídolo y al club. Y al fin al cabo, el hincha y el ídolo conforman a Boca. Su historia, su esencia. Historia que se escribe con azul y amarillo. Y quizá también con barro. Pero rosado, para nada...


6 sept 2013

El último superclásico

"River, decíme qué se siente, haber jugado el Nacional...". El cántico empreñaba el ambiente en aquella Bombonera palpitante (como es su costumbre). Eran más de 50 mil locos, que se trepaban al alambrado para bajar rápidamente, como si repentinamente se acordasen de que no era momento para colgarse ni hacer tanto escándalo. Y es que "La 12" prometía algo interesante, sin duda, como contragolpe a aquella tarde en el Monumental cuando los hinchas de River inflaron un chancho con la camiseta de Boca y lo hicieron flotar por encima de la cancha, sin saber que luego la hinchada de Boca tomaría ese chancho, lo colgaría en su tribuna, y, con orgullo, entonaría: "El chancho no desciende".

Íbamos perdiendo 1 a 0 en nuestra cancha, pero antes de que termine el primer tiempo, Boca había empatado el partido. ¡El festejo de la hinchada de Boca! Parecía caerse de la tribuna, y se asemejó a una ola gigante de un mar azuldorado que repentinamente se había desbordado. Pero pasado los minutos, se tranquilizaron (bueno, si a eso se le puede decir 'tranquilizar'...) y cantaron como todos los partidos. El cántico seguía siendo el mismo: "River, decíme qué se siente...".

Terminó el primer tiempo, y al arranque del segundo, la cancha se inclinó a favor de Boca. Era cuestión de que se nos dé una oportunidad para definir, porque dominábamos de gran manera con toda esa hinchada atrás empujando... Pero no llegó la oportunidad, porque el River de Ramón Díaz se escondió, prácticamente (así como lo hizo ayer frente a San Lorenzo por la Sudamericana) en el arco y jugó a defender. En uno de esos desbordes de Boca (ya comunales, por el poco práctico River que se dejaba dominar), un jugador de River cayó al piso sin razón aparente y Ramón Díaz estalló con el árbitro, Delfino: "¡Eso es tirolibre! ¡Lo bajaron!". 

Delfino no prestó atención, e hizo una seña para que el partido continuase sin interrupciones. Sin embargo, el terco Ramón siguió protestando (y más que seguro se le habrá escapado un insultito), haciendo que el árbitro se encamine hacia el riojano y lo mandara fuera de la cancha. 

"¿Yo?", le preguntó Ramón a Delfino, alzando las cejas, "¡pero si yo no dije nada!". El árbitro, con rostro irrefutable, se mostró inamovible y extendió el brazo hacia las tribunas, pidiéndole que abandone la cancha. La risa de Ramón fue fría, y antes de salir de la cancha, le extendió el dedo pulgar al sector donde se ubicaba la hinchada de River, como diciéndole que todo estaba bien. La hinchada de Boca, que hasta entonces había estado disfrutando del enojo de Díaz, se alzó imperiosa. Y entonó: "Voos sos de la B, voos sos de la B...". Ramón Díaz estaba surcando la cancha, custodiado por un puñado de policías, y al escuchar lo que decía la hinchada de Boca, esta vez se dirigió a ella: "¿Yo, de la B? No, yo no soy de la B. Yo no descendí". Lo dijo sonriendo, sin saber que ese gesto haría que muchos hinchas de Boca (y hasta hinchas de River) se cuestionaran de qué equipo era hincha... Y claro, si él no había descendido, era indudablemente hincha de Boca. 

Cuando el técnico de River abandonó la cancha, el cántico seguía: "Vooos sos de la B, vooos sos de la B". Y siguió unos minutos más... hasta que la hinchada de Boca calló. Guardó silencio.

— ¿Qué pasa? —se preguntaban los hinchas de Boca que miraban el partido por televisión—. ¿Por qué dejaron de cantar?


El árbitro también pareció extrañado... O confundido... Ya que pitó el silbato e hizo un gesto: "Esto así, no se puede". Los jugadores tanto de Boca como de River se dirigieron a su encuentro, pidiéndoles una justificación. Como respuesta, Delfino señaló las tribunas... y fue entonces cuando la cámara enfocó a "La 12".

El silencio había sido consecuencia de la acción. El hincha de Boca estaba organizado, sabía cuáles eran sus tiempos, y luego de lo de Ramón Díaz trepó el alambrado, entre humo azul y dorado. El humo ascendía en la tribuna -en las tribunas, ya que el humo invadía la cancha-, y muchos hinchas de Boca trapaban el alambrado. Y seguían entonando: "River, decíme qué se siente...". Marcelo Araujo, relator del partido, chillaba para tapar aquél estruendo, pero las cámaras le jugaban en contra, y revelaban aquella locura bañada en bengalas. "... haber jugado el Nacional...". Los hinchas de River, que ya habían guardado silencio tras el gol de Boca, parecían teñirse de violeta por la vergüenza. No se movían. El país permanecía quieto, contemplando a la hinchada de Boca. "..., te juro que aunque pasen los años, nunca nos vamos a olvidar...". El cántico ascendía hasta el cielo, para convertirse en volutas que se confundían con las nubes. "... que te fuiste a la B, quemaste el Monumental, esa mancha no se borra nunca más...". El silencio de los hinchas de River se compensaba con ese grito que quería parecer un cántico. Ya era un grito encolerizado: "¡Che gallina sos cagón, le pegaste a un jugador, qué amargos los Borrachos del Tablón...!".

Jugadores de Boca como 'Pol' Fernández u Orion se reían o trataban de contener una sonrisita. Pero la fiesta del hincha de Boca, a pesar de estar empatando de local y estar quedando en los últimos puestos, no paraba, y no paraba. Marcelo Araujo trataba de hablar lo más alto que se le podía concebir, para tratar de acallar la hinchada de Boca. Claro, no pudo con sesenta mil locos, que seguían con las bengalas en alto, que inhalaban humo azul dorado, el humo de sus almas. 

Unos hinchas de Boca se habían colgado en el alambrado al mismo tiempo, y extendieron el brazo hacia abajo, hacia los demás hinchas, como pidiéndoles algo. Y éstos le tendieron una bandera, bandera que luego desenvolvieron a lo largo del alambrado los hinchas colgados. Cuando la dejaron colgada, se corrieron a un costado y siguieron con su fiesta. Las cámaras enfocaron la bandera, con la leyenda que decía: "TE FUISTE A LA B POR PUTO Y CAGÓN".

El hincha de River hervía de bronca, pero el resto del país se reía. ¡Era un descanso! El cántico seguía, y cuando parecía que paraba, seguía el doble de fuerte. El tradicional entonces: "River, decíme qué se siente...". Pero, de un momento para el otro, los cuatro sectores de las tribunas (sí, hasta los de los palcos) enmudecieron, para luego susurrar de forma unísona: "Buuuuuuuuu". El fantasma de la B estaba presenciando ese partido, y se bufaba de River. Como todo el país. Otra vez los hinchas de Boca imitaron al fantasma más temido por los hinchas millonarios: "Buuuuuuuuu". Marcelo Araujo parecía estar a punto de susfrir un infarto; al menos, eso hacía creer con sus grititos chillones. 

Los policías entraron a la cancha... para quedarse boquiabiertos ante tantos locos. 60 mil locos. Sensatos, se pararon sobre el césped, y contemplaron aquella fiesta, así como el resto del país, impotentes. Las bengalas se iban apagando, pero los gritos, nunca. El árbitro estaba entre suspenderlo o seguir los diez minutos que quedaban. Los petardos caían en la cancha, uno cerca de Barovero, que se llegó a chamuscar las cejas. El sentimiento le había ganado al resultadismo. La Bombonera bailaba, las gallinas lloraban. La Boca estaba de joda, todo el año era carnaval...


3 sept 2013

Qué diferentes somos, gallina

¿Recuerdan nuestra nota de La diferencia entre Boca y River? En esa nota, nos centramos en dejar en claro la diferencia entre la fidelidad bostera y la fidelidad gallina. Es decir, entre la verdadera fidelidad y la fidelidad quebrantable. ¿A qué nos referimos? A que si un hincha de Boca presencia a su equipo perder, sin titubeo seguirá alentando hasta que la garganta se le reseque. ¿Qué pasa con el hincha de River? Si su equipo gana, alienta; si empata, susurra; y si pierde, una de dos: o guarda silencio (ese silencio atroz que fue admitido por un mismísimo jugador de River), o bien, insulta: Jugadores, la concha de su madre... 

Seguramente este cántico fue oficialmente -o así parece- el himno de River allá en el 2010/2011, cuando el club cursaba su peor momento en su historia (momento que tuvo que haber  sufrido hace cien años atrás, en 1912/1913, cuando estaba en descenso directo pero la AFA eliminó los promedios para impedir que el club riverplatense descendiera). En cada partido uno puede advertir la diferencia entre Boca y River, diferencia que está entre la fidelidad de cada hinchada. Felicidad indeclinable por parte del hincha de Boca, y felicidad quebrantable por parte del hincha de River. 

Pero ahora, nuevamente podemos advertir la diferencia entre Boca y River fuera de la cancha (así como cuando los hinchas de River rompieron su barrio y lo prendieron fuego). 

La semana pasada, tras haber perdido contra Estudiantes en La Plata, cualquiera hubiese creído que el hincha de Boca demostraría su impaciencia con Bianchi, pero ¿qué fue lo que realmente hizo? Explotar las redes sociales para hacerle llegar el cariño que le brindaba a su técnico privilegiadísimo. Y éste, conmovido, tuvo el tiempo de poder contestar un mail que le había mandado un hincha de Boca, dueño de la web SoyBoca.com. Esto era lo que decía el mail del hincha de Boca, llamado Eduardo Eliaschev:

"Carlos. Es para mandarle un abrazo y que lo bancamos como siempre. Por más que hablen algunos y otros se den vueltas como panqueques, ahí estamos fieles al gran profesor y compañero de militancia Xeneize, aun desde su puesto de trabajo y sin ser hincha de Boca. Con lo que usted ha hecho por nosotros no nos alcanza toda una vida para estar agradecidos.


Eduardo Eliaschev

www.soyboca.com.ar". 

La respuesta conmocionada de Bianchi fue la siguiente: 

"Muchas gracias Eduardo. Como soy de natura optimista sigo creyendo que las cosas van a  terminar por salir bien. Muchas gracias por la confianza, como usted dice lo que vivimos es para siempre y no se puede borrar.

Abrazo.

Carlos.
Felicidades". 

El hincha de Boca entonces sonreía feliz: estaba contento de saber que al menos un mail de apoyo había podido alcanzar a leer Carlos Bianchi. Y es que quería brindarle su confianza inquebrantable de alguna u otra manera, para poder hacerle entender que, pase lo que pase, le seguía estando agradecido, así como lo estaría de por vida.

Y ahora, ¿en dónde está la diferencia? En que el domingo pasado, tras haber perdido River por 1 a 0, los hinchas gallinezcos explotaron las redes sociales -al igual que el hincha de Boca-, pero a diferencia del hincha de Boca, el hincha de River lo que escribía eran insultos hacia los jugadores y hacia el técnico. ¡Cuánta diferencia!

Así como hizo Bianchi, Ramón Díaz se tomó el tiempo de leer algunos tweets que les mandaba los hinchas de River... pero desafortunadamente para él, la mayoría de lo que le escribían eran agresiones. (Si querés ver los tweets que les mandaron los hinchas de River, hacé click acá). Al leer los tweets agresivos hacia él, Ramón Díaz se enojó (imagínenselo) con los hinchas de River y los trató de ingratos, diciendo que cerraría su cuenta de Twitter por la falta de memoria de algunos.

El último tweet de Ramón fue este:


Aun recuerdo cuando, terminado el último superclásico disputado, tras haber sido River descansado por la hinchada de Boca, Ramón Díaz dijo: "Festejan un empate, je, yo nunca festejé un empate". También recuerdo cuando Burdisso le contestó: "La hinchada siempre alienta así. Quizá él no está acostumbrado". Lo triste para Díaz es que es cierto: él no está acostumbrado a recibir apoyo incondicional, y fue víctima de tantos insultos en las redes sociales que él mismo tuvo que admitirlo: el hincha de River no tiene memoria. Y menos que menos, aliento. O no lo tiene cuando el resultado es negativo.

"Le traje chupetines a los jugadores de Boca, que son todos pibes, je, je". Siempre con su sonrisita típica de sobrador, habrá creído que el hincha de Boca haría lo indecible para hacerle daño (así sea físico como anímico). Lo que no supo fue que era el mismo hincha de River quien terminaría tratándolo de cagón, de estúpido y de "poco trabajador". 

Ahora, ¿notaron la diferencia? El hincha de Boca, tras haber perdido por 2 a 0, agradece a Bianchi y le brinda su aliento incondicional. De hecho, frente a Rafaela en La Bombonera fue Bianchi quien agradeció a la hinchada de Boca, que anteriormente había estado cantando a todo pulmón: "Que de la mano, de Carlos Bianchi, todos la vuelta vamos a dar". Y eso que en el torneo pasado habíamos quedado penúltimo, ¿eh? Y sin embargo, cuando River perdía frente a Estudiantes de la B Metropolitana por la Copa Argentina, fue Ramón Díaz quien tuvo que entrar a la cancha para pedirle a sus hinchas que dejen de cantar su tradicional himno: "Jugadores, la concha de su madre, haber si ponen huevos que no juegan con nadie". 

El hincha de Boca siempre está, verdaderamente en las buenas, en las malas, y hasta el final, como dice el cántico bostero. Esa es la diferencia entre quien dice estar en las malas y en quien lo está realmente. Esa es la diferencia entre el hincha de Boca y el hincha de River. 


2 sept 2013

Poema a Boca Juniors

La sangre late dentro mío, con esa locura característica de los domingos;
se me vuelve la mirada hacia adentro, para estudiar mis pensamientos maníacos.
Llueven estrellas, 52 llego a contar;
y se escucha tenue una voz que empieza a cantar.

¿Qué está cantando?, me pregunto confundido.
Será una melodía alegre, aunque parece un latido.
Un latido que estremece y resuena en todos los rincones del país,
mientras que una muchedumbre azuldorada de sus casas empiezan a salir.

¿Adónde se dirigen?, me pregunto desconcertado.
Todos cantan, me miran sonrientes y pasan de largo.
Los sigo confundido, sin saber qué festejaban,
todos llevan una camiseta, y cantan mientras bailan.

El cielo brilla azul y las estrellas amarillas,
parecen titilar acorde al cántico sin prisa.
Cada persona de la multitud mira hacia adelante,
como esperando que surga algo emocionante.

Cada vez más confundido, camino y camino,
y empieza a palpitar dentro mío un latido.
Un latido que, curiosamente, parece ser inhumano,
como si todo lo demás dejara de tener significado.

La multitud grita, impaciente y feliz,
parece contenta de ver a alguien por fin.
La felicidad se me contagia, y empiezo a sonreír,
y me miro en el pecho la camiseta con la que me vestí.

La camiseta tiene dos colores, azules y amarillos,
y parece reflejar del cielo los colores vivos.
Late con la multitud, como si supiera lo que canta,
y adelante empieza a vislumbrarse ese templo que me encanta.

"¡Ahí está!", gritan todos, "¡ahí está mi Bombonera!",
y corren hacia ella, sonrientes y felices de verla.
Una locura cobra vida, una locura incontrolable,
que baña los rostros de todos con una sonrisa inevitable.

Cuando llegan a la Bombonera, todos sonríen felices,
y entran adentro para ver a su club que los envidiosos maldicen. 
Cuando se ubican en las tribunas, locos y desesperados,
empiezan a gritar todos: "¡Por fin te veo, mi Boca anhelado!".


SIN EL MONOPOLIO DE ROMAN, PERO CON ROMAN

Boca ganó en La Bombonera frente a un león fiero. Pero no solo ganó, si no que jugó bien. Esto es destacable, ya que no solo jugó bien (sí, todo un enredo), sino que jugó su mejor partido hace mucho -semanas, meses, ¿años?- tiempo. 
Este cambio de aspecto en un Boca que venía siendo antiromántico parece perturbador. Y es que la vuelta del Boca que anhelábamos coincidió con la vuelta de Fernando Gago, joyita de la Era Boquense en sus años dorados. Presionar, cortar, jugar y atacar. Así pareció ser el juego de Boca ayer, intimidado -pero, asimismo, deliberado- por la voz de mando de Gago. Y es que el juego de Boca ayer pareció ser la forma futbolística que adapta en sus actitudes Pintita. ¿Coincidencia? Hace mucho tiempo que en Boca no hay coincidencias.

¿Qué quiere decir esto? ¿Acaso nos podemos permitir el mero pensamiento de un Boca sin Riquelme? Creo yo que el resultado de ayer reflejó el juego del equipo; y fue un resultado no perfecto en los detalles -porque Boca debería haber ganado por un resultado más holgado, si bien esto tiene que ver con la falta de definición de los que tuvieron las oportunidades, y no de la mala suerte- pero sí justo. Un 2 a 1 parece un subidón de autoestima, que puede ser el inicio de la caminata -porque hay que caminar, nada de correr- por el sendero correcto. Pero que Boca haya jugado muy bien de local no significa que necesariamente hay que replantearse un Boca sin Juan Román Riquelme. O sí, pensarlo no está mal, pero hasta ahí nomás: Riquelme es necesario para Boca. Pero lo que sí podemos pensar decididamente es en lo siguiente: ¿Boca necesita el monopolio de Román? 

Primero, ¿qué quiero decir con monopolio? Que el jugador de Boca, hoy, tiene el pensamiento -erróneo o certero, lo dejo a tu criterio- de que la pelota tiene que pasar por Román para que sea gol. "Si no pasa por Riquelme, el gol no vale". ¿Pero esto es necesariamente así? 
Creo que ayer presenciamos la respuesta: no, no es necesario ser dependientes de un jugador, por más que el jugador sea -nada más- que Juan Román Riquelme. La respuesta estuvo en las acciones del equipo en no su individualismo, sino en su organización a la hora de crear y recrear juego y a la hora de armar algo serio. Pintita Gago demostró que puede ser -como de hecho lo es- un gran referente para el club, y que dentro de la cancha puede hablar con voz grave e imperiosa. Con voz intimidante. Y fue su voz la que organizó al equipo en su totalidad, y la que le dio un color: su color.

La idea del juego de Gago contagió al equipo en general. Sobre todo a los que desbordaban -más que nada por Martínez, figura de los últimos partidos-. Pero también a los defensores (parece ser que el puesto de central le viene de maravilla a Ribaír), que anticipaban en el medio pero demostraban imponencia importante para simbolizar la imposibilidad de pasarlos. 
Este fútbol que ayer pudimos presenciar en Boca fue la respuesta a la pregunta formulada. Pero, si bien el ojo crítico a veces anticipa la respuesta de forma errónea, lo que quiso decir es que sí, se puede jugar sin Riquelme. Pero, ¿alguien se dio cuenta? Poco gol para mucho juego. ¿Por qué es esto? ¿Está bien responsabilizar a la definición del jugador, y no a la oportunidad de definir? Si lo pensamos detenidamente, llegamos a la conclusión de que los goles de Boca fueron imperfectos -uno de cabeza, un nucazo al ángulo; y el otro tras una imprecisión de Martínez, que le quedó larga, dejándosela sin querer a Blandi-. Esto quiere decir que si bien jugar es importante -quizá lo más importante-, lo que realmente alimenta al resultado es la definición. Y, díganme ustedes, ¿quién es especialista en dejártela al frente del arco? Claro: Juan Román Riquelme.

¿A qué quiero llegar? A que Boca puede jugar sin el monopolio de Román, y esto es motivante: está bueno saber que Boca no depende de un jugador. Pero también a lo que quiero llegar es que no depender de un jugador no significa no necesitarlo. Con la voz de mando de Fernando Gago pudimos jugar fútbol y pudimos ganar. Pero, ¿y si jugamos con Román sin monopolio? ¿Y si jugamos con dos voces de mando: la de Gago y la de Riquelme? Sería incluso lindo poder ver a ese Boca. Y uno ya se hace la cabeza con un resultado positivo sin Riquelme tras un resultado negativo con él. Pero, ¿y si lo que le hacía falta al Boca de Riquelme, era un Fernando Gago que atribuye lo suyo? O mejor, ¿y si lo que le hacía falta al Boca de Bianchi, era un fútbol asociado por Román y por Pintita? Riquelme es caracterizado por su mente ágil y su parsimonia que encoleriza, y ahora, con un Fernando Gago ágil de piernas y ágil de mente, ¿no podemos pensar que es lo que le hacía falta a este Boca? Ayer se vio el Boca "a lo Gago". ¿Qué será, entonces, cuando tengamos dentro de la cancha a Gago y a Riquelme, juntos? 

Demasiadas preguntas, que se formulan tras una respuesta materializada en hecho -hecho que presenciamos ayer-. Demasiadas preguntas nuevamente... que pueden ser respondidas el 15 frente a Racing -dado que Gago fue convocado a la Selección, impidiendo que pueda jugar frente a Olimpo el 8-. Esperemos que el 15 las respuestas sean óptimas como lo fueron ayer.   

1 sept 2013

Volvió Boca

Excelente. Simplemente excelente. El gol que nos convirtieron fue de carambola, se le quedó enganchado en el pie, nada se le puede hacer. Pero merecíamos no ganar, sino, golear. Tremendo partido, contra un león fiero. Pero ¿viste? Cuando uno le saca las zarpas al león, éste nomás pasa a ser un gatito con cara de malo. Y nosotros no solo les sacamos las zarpas, sino que lo dejamos tullido. 

No voy a hacer una lista para felicitar a cada jugador que jugó bien, porque tendría que felicitar a todos los jugadores, y en realidad, todos jugaron por el bien del equipo, así que a eso me dirigiré: al equipo. Tremendo el equipo. Sólido -parece que a Ribaír le queda mejor el puesto de central-, con un Cata Díaz fantástico, imponente. El medio también, consolidado por fútbol -Gago-, asimismo talento -Miño, Erbes- y organizado. Arriba, para qué hablar, un genio el Burrito, un genio Cángele; Blandi la que le quedó metió, así como lo tiene que hacer el nueve. Cuando el Burrito la tenía, meditaba si pasársela al tanque Insúa que corría a todo motor por la izquierda o seguirla él mismo; así pasaba como cuando la tenía Sánchez Miño.


UN ESPECTÁCULO. Estamos dejando de qué hablar a muchas bocas grasientas de anhelo malicioso. Y Dios quiera que sigamos tapando muchas bocas más. Esto recién empieza, y como dijo Bianchi, si bien lentamente -aunque esta vez el cambio de juego fue enorme- se nota el cambio de aspecto de Boca. Un Boca que quedó a dos puntos del puntero, un Boca sólido y rápido, un Boca futbolero... Un Boca que, poco a poco, vuelve a ser el Boca de Bianchi. 


Argentina está feliz.


30 ago 2013

El orgullo de ser bostero

Cada hincha de cada club se asegura a sí mismo con ceguedad que es hincha del club más grande, más popular. El hincha de Boca no es la excepción... bueno, tal vez sí, porque hay una cosa en la que se diferencia: que el hincha de Boca es, realmente, hincha del más grande.

Claro, ustedes pensarán que, como soy hincha de Boca, es obvio que lo diga. Y es que, ni aunque supiera que mi equipo no es el más grande, yo nunca lo negaría. Pero lo que pasa, es que me estoy sincerando con ustedes: yo estoy seguro de que Boca Juniors es el club más grande... y no solo de la Argentina, sino, del mundo.

A ver. Para que no crean que estoy hablando como un hincha de Boca enceguecido, vayamos a los hechos:

Boca es el club con más Internacionales del mundo, junto al Milan de Italia.
Esto lo sabe todo el mundo. Cualquier hincha del fútbol curioso husmea los equipos con más Internacionales y se encuentra, ahí, arriba del todo, a Boca y al AC Milan. Lo que vale destacar en estos dos equipos es que Boca nunca descendió, a diferencia del Milan, que sí descendió. Aclarado esto, vayamos al segundo hecho:

Boca, junto a Nacional y Peñarol de Uruguay, es el equipo sudamericano con más Intercontinentales.
Otro factor que engorda nuestro orgullo -aunque muchos lo pasen de largo- es que Boca es el club, junto a Nacional y Peñarol, con más Intercontinentales. Ambos equipos poseen tres de dicha copa. Atrás se quedan, con dos, equipos como Independiente de Avellaneda, Sao Paulo de Brasil, Santos de Brasil...

Boca es el único grande que nunca descendió.
De hecho, Boca -con Arsenal de Sarandí- es el único equipo del fútbol argentino que nunca descendió -vale destacar que Arsenal de Sarandí tiene 56 años, es decir, poco más de la mitad de los intactos 108 años del Club Atlético Boca Juniors-.

Boca es el club más popular del mundo.
El Xeneize es, según un estudio realizado a nivel mundial, el club más popular del mundo. Esto se basa en que el estudio señaló que Boca Juniors es el club con más hinchas en proporción a su país. ¿Cómo es esto? A pesar de que equipos como el Flamengo, de Brasil, cuenta con un mayor número de simpatizantes (más de 31 millones), el estudio se basa en una relación de cantidad de hinchas sobre el número de habitantes. Y, según los datos que presentó la consultora internacional Euromericas Sport Marketing, el 46,8% de los argentinos son hinchas del Xeneize, algo que no logra ninguna otra institución en el mundo.
En este ranking, que fue basado en encuestas hechas en Brasil, Argentina, México, España, Alemania, Italia, Inglaterra, Portugal, Francia, Holanda y Japón, con consultoras propias de cada país, el Benfica se quedó con el segundo lugar: el 38,8% de los portugueses son hinchas de este equipo.

Boca es el club con más torneos locales en el fútbol argentino.
Si bien los hinchas de River -en su afán de aferrarse a algún hecho que fortalezca sus corazones- dicen que ellos tienen 33, superando a los 24 de Boca, lo que los hinchas de River pasan de largo -o mejor dicho, evitan ver- es que el conteo que hacen solo engloba los Torneos Clausura y Apertura. Como el término lo dice, los torneos locales son torneos oficiales disputados a nivel nacional, por lo cual también entrarían en el recuento torneos como la Copa Nacional, la Carlos Ibarguren, la Estímulo, la Copa Argentina, etc, lo cual determinaría que Boca es el equipo con más torneos locales, con 42, superando a los, entonces, 38 de River.

Boca es el único equipo argentino en el top ten de la IFFHS.
La última encuesta realizada por la IFFHS -Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol- determina que Boca Juniors es el único equipo argentino en el top ten, situándose sexto. En el top ten también están los equipos brasileros Corinthians y Sao Paulo, el primero en el cuarto puesto y el segundo, en el décimo.

La Bombonera es el noveno estadio que hay que visitar antes de morir.
Según la revista estadounidense Complex, el estadio de Boca es el noveno estadio que hay que visitar antes de morir; esto se determinó en una encuesta realizada por la revista, en donde se tenían en cuenta estadios de fútbol, de rugby, de fútbol americano, de baseball, etc. Cabe destacar que la Bombonera es el único estadio del fútbol argentino en el top ten.

Un cántico de la hinchada de Boca es el mejor cántico del mundo.
El cántico Boca, mi buen amigo... es, según el diario español Marca, el mejor cántico de fútbol del mundo. Con el 37% de los votos, el cántico xeneize queda como el mejor del mundo, y uno de los motivos es porque se destaca "en la emoción con la cual se interpreta y la facilidad para intimidar al rival".

Demasiadas son las razones por la cual considero que el club del que soy hincha es el más grande del mundo. Y no estoy hablando de historia -porque si lo hiciera, indudablemente tendría que escribir días enteros hasta terminar de explicar todo-, sino, del presente. Esto es importante aclarar, porque otra de las escuetas respuestas de los hinchas de River es justamente esa, que nos refugiamos en el pasado...


Ahora queda demostrado. Boca Juniors es el club más grande del mundo... Y  tengo no una, sino varias razones para justificar esta opinión.


28 ago 2013

El verdadero Jugador Número 12

El Jugador Número 12. Este sobrenombre se le es concebido actualmente a la barrabrava de Boca, si bien el término "La 12" en realidad hacía mención, allá en la década del 40, a la hinchada de Boca, no solo a la barra. Este término hace referencia al incondicional aliento y empeño de la barra por hacer que el resto de la hinchada coree con él por Boca. Pero en realidad, el jugador infaltable de Boca no es la barrabrava. No hay más que volver un tiempo atrás, al Torneo Inicial, contra Belgrano en la Bombonera. 

Boca perdía, perdía y perdía; amontonaba derrotas al hilo, y esa pesadilla parecía no tener fin. Ningún hincha de Boca susurró siquiera su preocupación, porque sabía que no había lugar para ello, no tenía que demostrarle al señor Virrey lo preocupado e impaciente que estaba por que las cosas se den bien; el hincha de Boca tiene memoria, y lo único que hizo ese partido, fue alentar. Empatábamos, pero jugábamos de manera pobre... Y sin embargo, la hinchada de Boca ni siquiera susurró su impaciencia: el que sí lo hizo, fue la barrabrava.

Repentinamente, los bombos cesaron, los bombos de La 12, y luego volvieron a sonar con un renovado ímpetu... pero la canción era distinta. Porque cantaban con voz impaciente: A ver a ver los jugadores si pueden oír, por la camiseta de Boca ganar o morir. La Bombonera, repentinamente, guardó una fracción de segundo de silencio, y escuchó lo que entonaba la barrabrava. La hinchada siempre imitó a la barra. Pero no se mostraron de acuerdo con lo que cantaban... porque eran verdaderos hinchas, y no querían demostrar su impaciencia y presionar a los jugadores. La barrabrava seguía cantando, pero la hinchada se alzó más grande: entonó, con más entusiasmo que la barra, el tradicional cántico Dale Boca, y dale dale Boca, y dale dale Boca, y dale dale Boo..., y por un instante, parecía que la barrabrava cedería terreno por esa gigantezca masa de locura bostera. Pero lo que hizo fue callarlos con un redoble de tambores, y entonó otra vez Por la camiseta de Boca ganar o morir. Los chiflidos cayeron en la cancha, indiferente a lo que hacían los jugadores, y trataron de acallar a la barrabrava. Esta no cedía, entonaba más fuerte, pero parecía confundida: nunca antes la hinchada no la había imitado cuando cantaban. Sin embargo, siguieron cantando, hasta que la verdadera hinchada se alzó. 


Se alzó, se puso de pie, y reinó a todo el imperio bostero, a todos sus verdaderos hinchas, resultadistas y delincuentes. Ya nadie importaba: solo el verdadero hincha. Enorme, gigante en su máximo esplendor, cantó: Soy del barrio de La Boca y siempre te voy a seguir... La barrabrava trató de reunir fuerzas, pero la verdadera hinchada siguió entonando: En las malas a todas partes, las buenas ya van a venir... La Bombonera latía. El relator del partido paró en seco de hablar, y escuchó atónito a la hinchada de Boca, que gritaba, que gritaba: No somos como la Academia, no somos como el Ciclón... La cancha saltaba, al ritmo de la canción. La barrabrava había desistido. No se le escuchaba un ápice de voz. Se quedó, anonadada, quieta y escuchando lo que la verdadera hinchada cantaba: A Boca lo llevo en la sangre,  lo llevo en el corazón... Nadie parecía hablar. Solo se escuchaba el rugido de esa hinchada. A todo el país se le había erizado la piel. Las butacas donde se sentaban los jugadores vibraban, y el césped saltaba, saltaba, como siguiendo el ritmo de la canción. SOY DEL BARRIO DE LA BOCA... La canción seguía, y seguía, y seguía. La barrabrava no tenía voz. Se había quedado destruida, había perdido poder. Nunca antes la verdadera hinchada se le había rebelado ni demostrado cuán grande era... Y SIEMPRE TE VOY A SEGUIR... Los hinchas de River miraban desde sus televisores aquél espectáculo. No reaccionaban. Dentro suyo, sentían algo parecido a la admiración; se avergonzaron de sentirlo, pero lo sintieron... EN LAS MALAS A TODAS PARTES... La cancha se venía abajo. Algunos jugadores miraban cómo saltaba el suelo, miraban las tribunas y no sabían adónde ir. Algunos estaban asustados, pero casi todos permanecían allí, parados, asombrados de aquél espectáculo... LAS BUENAS YA VAN A VENIR... El grito rompía barreras invisibles. El fútbol argentino quedó parado, en seco. Todos voltearon la cabeza para ver ese fenómeno. ¡Pero si iban anteúltimo en la tabla! ¿Qué les pasaba? -se preguntaban unos a otros-, ¿por qué alentaban así?... NO SOMOS COMO LA ACADEMIA, NO SOMOS COMO EL CICLÓN... Las estrellas de la noche también habían parado de brillar, estupefactas. La luna abrió los ojos, asombrada, y lentamente sonrió. Las estrellas, imitando a la luna, sonrieron también, y empezaron a cantar con aquella multitud... A BOCA LO LLEVO EN LA SANGRE, cantaban las estrellas junto a la hinchada de Boca, la verdadera hinchada, el verdadero Jugador Número 12, ¡LO LLEVO EN EL CORAZÓN!
Y el sentimiento había vuelto a ganar.

Hacé clic y mirá el video de aquella noche inolvidable.