Lo primero que noté y me sorprendió fue el apremio de los plateistas con Román, quien, con la parsimonia habitual en él, acomodaba la pelota, la besaba y le discutía a Pitana que la barrera estaba adelantada. Claro, uno diría que es entendible, porque Boca iba perdiendo el partido 0-1 con River en la Bombonera, como si fuera poca cosa. Pero no es así.
El hincha de Boca es muy desagradecido. Y muchos, además, son caretas. Caretas, hipócritas. Porque, como todos saben, en aquel tirolibre Román le dio el empate a Boca, y dio a luz, sin exagerar, a uno de los mejores goles de la historia del superclásico argentino. ¿O alguien me lo puede negar?
Los plateistas que lo estaban apurando (e insultando. Sí, señores: ESTABAN INSULTANDO A JUAN ROMÁN RIQUELME) al 10 de Boca fueron los mismos que, diez segundos después, estaban gritando junto al resto del estadio como locos gracias a él. No saben la bronca e impotencia que me dio ver eso.
Les dejo el video más abajo para que puedan apreciar este acto de inmundicia de los "hinchas" por su cuenta, pero paso a citarles algunas de las exclamaciones que le tiraron a Román y que pude percibir:
"Hacé un gol, hijo de puta", fue la primera exigencia que escuché con claridad.
"¡DALE, PATEÁ!", exclamó uno después, cuando Román discutía con Pitana diciéndole que la barrera tenía que ir más atrás.
Y entonces el pie derecho de Román impactó contra la pelota. Pero en ese instante, en esa fracción de segundo en el que la pelota surca el aire hasta estrellarse contra la red destapando la locura en la Bombonera, se escucha otro insulto hacia el Último 10, esta vez de una mina: "¡Dejá de hacer tiempo, pelotudo!"
Cuando se escucha el "pelotudo" es cuando la bocha se entierra de cara contra la red ante la inmovilidad de Barovero y es entonces cuando lo que más bronca me dio surge: el grito desaforado de esos plateistas que, unos segundos atrás, apuraban e insultaban a Román, a Román, el tipo que creó semejante obra entre tantos demonios ciegos. Qué hijos de puta. Pero qué hijos de puta. Es injusto que esa maravilla haya sido festejada de la misma forma por Román que por aquellos seudohinchas de mierda.
Me da mucha bronca. Muchísima. Porque Román otra vez había dejado su sello en la historia pero los testigos de aquel evento no estuvieron a la altura, al nivel. Antes no podía entender por qué Román había colgado los botines, cuando había dicho que quería jugar hasta los 40, que iba a tratar de ganarle la apuesta a su hermano, cuando todavía le quedaba tanta magia por brindar. Ahora está más que claro.
En fin, no divagaré mucho más porque es hacerse mala sangre al pedo, pero les dejo con lo que expresó Leandro Valdés vía Twitter hace unas semanas, que bien puede resumir la situación que se vivió allí:
"Así como hay jugadores a quienes la camiseta de Boca les quedó grande, veo y leo a hinchas de Boca que Riquelme les quedó enorme".
@leandrovaldes12
El video:
Escrito por Daniel Aguirre (@_aguirred)
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