
En el año 2000, antes del viaje que debía realizar el plantel xeneize a Japón para enfrentarse al Real Madrid por la Intercontinental, Román fue "asaltado" por un hincha que lo vio pasar entre el tumulto de personas y le manoteó la cadenita de oro.
Esta cadenita era un regalo que le había hecho su hija, Florencia, por lo cual el 10 de Boca enloqueció: tomó de la camiseta al hincha y le exigió que le devolviera la cadenita.
Esto, más los golpes que recibió por parte de otro hincha de Boca, convenció al ladrón de devolverle el objeto a Román.
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